📎🆕 Con la presencia de las principales autoridades del territorio fue develada la efigie del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia (18461896) en el Mural de la #Patria en #Sancti Spíritus, cuya personalidad ha sido sistematizada como la de un combatiente en las tres guerras por la independencia de Cuba y su labor unificadora en la emigración, particularmente en el proceso de organización de la gesta del 95 llevada a cabo por José Martí. Se reconocen en él habilidades para determinadas ciencias, artes y oficios que procedieron de la educación de la época, de las necesidades imperiosas de la vida en campaña y como parte de su vida errante en la emigración.
El arte oratorio de Serafín Sánchez surgió de condicionantes históricas excepcionales, caracterizándose por la palabra pausada, el uso de un lenguaje sencillo y cálido hacia los hombres y mujeres a los que les hablaba, pero sin dejar de ser penetrante y expresivo, pues sabía cumplir los objetivos que asumía en tales casos.
Serafín, nombre por el cual lo identifica la historiografía y el espirituano común, fue militar, político, agrimensor, maestro, periodista, escritor, poeta, orador y obrero; luchador incansable durante veintisiete años contra la dominación española. Todo desde lo autodidacta. Sin embargo, todas estas aristas no han sido estudiadas del mismo modo, se ha profundizado mucho más, por ejemplo, en su vida militar, educativa y poética, en tanto no ha habido prioridad investigativa en otros aspectos de su vida como su actividad política.
Con respecto al arte oratorio que desplegó, hasta el presente son inexistentes los estudios objetivos que pueden refrendar tal cualidad e incluso las fuentes primarias que permiten demostrar fehacientemente que esta actividad práctica y política fue desarrollada por el paladín, no fueron sistematizadas oportunamente, sino todo lo contrario, obviadas por parte sustantiva de la historiografía cubana, desde el propio momento en que algunos héroes fueron
subestimados, en medio de otros que alcanzaron cotas justas o sobredimensionadas.
Sus biógrafos de mayores méritos han sido Castellanos (1926, 1935, 1946) y Del Moral (2001), quienes realizaron importantes aproximaciones, sobre todo desde el estudio de las epístolas, a sus acciones militares, a su labor como maestro e incluso a su extensa obra periodística, esta última, sin llegar a abordarla con rigurosa profundidad; aunque con respecto al arte oratorio hubo criterios encontrados entre ellos o simplemente percepciones diferentes.
Sin embargo, aún cuando algunos autores no definen al héroe como un orador, la historiografía sobre Serafín Sánchez sí destaca, en su discurso político, los principales elementos que caracterizan a los que cumplen con el arte oratorio.
En consecuencia, puede afirmarse que la importancia de este estudio, radica precisamente en que, si bien estas condiciones de gran orador estuvieron presentes en Serafín Sánchez Valdivia, no menos cierto es que los estudios sobre este aspecto tan revelador de la vida del insigne patriota cubano han sido insuficientes, cuando no irrelevantes, por lo que el objetivo del presente artículo es demostrar la cualidad de orador del héroe como elemento consustancial a su accionar revolucionario y personal, a partir de la disquisición sobre la
dispersa y difusa bibliografía estudiada sobre este particular.
Si se considera lo sustentado por el Diccionario de la Real Academia Española, donde se define el concepto de oratoria como: “aquel arte de hablar con elocuencia y género literario formado por el discurso, la disertación, el sermón y el panegírico” (Diccionario de la lengua española, 2014) puede afirmarse que todas esas cualidades estuvieron presentes en la vida de Serafín Sánchez, tal como corroboran las diferentes disquisiciones realizadas por los autores de este artículo de toda la bibliografía estudiada.
Para muchos de los teóricos más reconocidos sobre el tema de la oratoria, hablar con elocuencia significa: “expresarse eficazmente mediante la palabra dialogada, ante cualquier auditorio y en cualquier circunstancia, (Verderber, R. 2012, p.3); siendo ello esencial para entender el punto de vista autoral en el sentido de que las fundamentales evidencias determinan que Serafín Sánchez lograba ser muy efectivo -eficaz- cuando hablaba ante diferentes auditorios, cumpliendo a cabalidad los objetivos propuestos en cada caso con su palabra dialogada, por lo que de cualquier manera es merecedor de la categoría “orador”.
Lo trascendente en este caso es que más allá del héroe militar, este hombre se desenvuelve con mucha eficiencia en todo momento que tuvo que hacer discursos más o menos públicos y cumplió a cabalidad con lo que generalmente se asume en cuanto a que: “la oratoria consiste en lograr que la gente se convenza por la fuerza de la razón y de la verdad, y se conmuevan por las emociones y sentimientos, ya que la palabra es un importante medio de comunicación, pero además, es una fuerza incontenible que puede conmover, conducir, orientar, convencer y educar”. (Villafuerte, 2012, p.17).
Sin embargo, los documentos que evidencian el arte discursivo de Serafín no corrieron con la misma suerte que su extenso epistolario, los artículos periodísticos e incluso su poesía; conservándose lamentablemente, de manera
fragmentada, pues no todos los disc ursos se apoyaron en un texto escrito y ni siquiera existieron transcripciones posteriores. Esta pudiera ser una razón por la que nunca se podrá estudiar con toda su integridad su arte discursivo, lo que en modo alguno es óbice para pensar que no es tal, aunque por la gravedad del hecho, todo ello merece revisión, prontitud y conservación porque numerosos documentos son manuscritos y el paso del tiempo no perdona negligencias ni descuidos.
El propósito del hidalgo espirituano no era desarrollar estudios de oratoria y mucho menos ser orador como es el ejemplo de José Martí, “que dejó una marca indeleble en los más disímiles auditorios y se proyectó, cual marejada
sobre todo el continente” (Álvarez,199 5, p. 22), sino que se atemperaba a su realidad histórica, su oratoria es inicialmente pedagógica, militar y en su más elevada expresión consagrada a la política, no habiendo en ello casualidad o azar, sino que junto al grupo de cualidades personales desarrolladas naturalmente antes de 1868 y dentro o fuera de la lucha anticolonialista, estuvo favorecido por su vida como emigrante político donde estrechó los lazos de intimidad con José Martí, quien supo enaltecer esas cualidades de mediador y líder entre las distintas generaciones de cubanos que se organizaban para la “guerra necesaria”.
Múltiples ejemplos pueden referirse a esta relación, aunque una que es evidencia de la valoración del Apóstol cubano sobre el héroe militar se expresó en julio de 1893, cuando Serafín viaja a Nueva York y logra consolidar los lazos políticos con Martí, a su regreso en agosto, éste afirma públicamente en las páginas de Patria que Serafín “narraba, con angustia unas veces y otras como si ya estuviera a caballo, los sucesos de la guerra: ya pintaba un combate, ya recordaba una heroicidad, ya decía versos de Palma y Gerónimo Gutiérrez“.
Los anteriores sucesos dejarán al Maestro deslumbrado porque de una manera sincrónica, por acciones una, actuaciones otra, porque era un narrador feliz de las cosas de su patria, donde la mano ágil del Apóstol escribe “que pintaba un combate”, algo impensable de realizar desde la palabra si no tenía un dominio cabal de lo que estaba exponiendo. No era un artista, era un militar de alta graduación, autodidacto, que logró cultivar a fuerza del ejemplo de poetas que iban a la guerra a escribir sus redondillas con sangre.
Nuevamente José Martí, en el prólogo del libro “Los poetas de la guerra”, ofrece de manera magistral algunos atributos del arte oratorio de Serafín Sánchez, haciendo referencia a “un general cubano”, “rodeado de ávidos oyentes”, que es un “robusto recitador”, y que “decía como de lejos, ó como de arriba, ó como si estuviese de pie”, donde “las mujeres, calladas de pronto, acercaron sus sillas y oían fluir los versos” (Martí, J.,1893, p. 2); todo lo cual tiene el mérito de haber sido expresado por un testigo excepcional del momento, quien si bien tenía fama ganada de exaltar con su verbo encendido, también la tenía en cuanto a no expresar criterios que no sustentaba.
Lo extraordinario de la anterior percepción, es que un crítico de arte, poseedor él mismo de todas las excelencias oratorias, atribuyera al recitador o lector, según se mire, fluidez a los versos que recita y, sobre todo, reconociera cómo aquel curtido militar lograba atraer la atención de los presentes. Estas son las primeras versiones atinadas que abordan las virtudes de la oralidad en Serafín.
Su misión primaria no era disertar, ni desarrollar veladas o discursos en actividades independentistas, ni rendir homenajes a personalidades relevantes de trascendencia dentro del movimiento revolucionario cubano o de América, pero fue un trabajo que ejecutó sin dudas y con eficacia probada, obligado por las circunstancias excepcionales que propiciaron el legado sui generis de “limar asperezas” entre los veteranos de la contienda bélica y la nueva hornada de combatientes que abrazan la idea emancipadora. De otra manera no se puede concebir su oratoria.
Gerardo Castellanos García, hijo del comandante Gerardo Castellanos Lleonart, amigo y compañero de armas del paladín en la guerra de los Diez Años, continúa esta arista peculiar. En su folleto “Relieves: ensayos biográficos” dice: “Era muy comunicativo. Hablando de Cuba no tenía fin, y lo hacía con optimismo contagioso, pues exponía sus ideas con lenguaje tan sencillo, que inundaba el alma de los demás”.
Lo anterior forma parte de imágenes que fueron puestas en papel por Gerardo en un tiempo muy cercano desde que los hechos acontecieron, por lo que es de presuponer bastante fidelidad en ello, debiéndose considerar como
innegable el hecho de que el lenguaje de Serafín Sánchez cautivaba a los presentes, una propiedad de quienes utilizan el buen arte de hablar en público.
Más adelante, abundando en su biografía, expresa que Serafín “gozaba narrando combates, su voz tomaba timbre sonoro y vibraba de emoción al recitar versos, hablar de amor, de literatura y ciencias”. Castellanos transmite la herencia cultural y patriótica recogida de Serafín y sus estudios le permitieron señalarlo como un hombre de gran inteligencia.
Ya en su famosa biografía: “Un paladín (Serafín Sánchez)”, publicada en 1926 señala lo siguiente: Y puesto Martí en nuevas relaciones con Gómez, tuvo necesidad de tener junto a sí, a manera de gran edecán, para entenderse más eficazmente con los veteranos de su influencia y calidad a un soldado cabal, insurrecto sin tacha, un hombre virtuoso, un entusiasta de la palabra y de excelente cultura” (Castellanos, 1926, p.94).
Es indiscutible la admiración por el prócer y el conocimiento de su función como diplomático, coordinador o enlace entre Gómez, los veteranos y Martí.
Una condición agregada por Gerardo es la capacidad para dialogar, pues hablaba con facilidad, era campechano, alegre, sabía llevarse bien con los demás e incluso llegarle a lo más íntimo de las fibras patrióticas de los hombres. Por eso es señalado para asumir esa función conciliadora.
De todos modos, puntualiza lo siguiente: “Sin embargo de que charlaba con chispa y escribía largamente, no sé que jamás haya sido orador.” (Castellanos, 1926, p.138). De las citas anteriores puede inferirse que Serafín hablaba en público y escribía con soltura, dos particularidades interesantes llevadas con profusa intensidad -de mucho le sirvieron en su labor diplomática y que, de cualquier modo, pueden ser condicionantes para constituirse en un tribuno en el sentido más reconocido del término, aunque finalmente el referido autor no está seguro de esto último y asume, tal vez por carecer de las pruebas suficientes, que no era orador.
Sin embargo, Castellanos aporta indicios importantes al caracterizar los rasgos personales de Serafín en la obra ya referenciada, al resaltar una y otra vez su profunda ilustración y amplias posibilidades comunicativas, lo que reitera en el centenario del natalicio en el año 1946, cuando pronuncia un panegírico perfeccionando y puliendo algunos desaciertos, que a su entender existían en su obra anterior, aspectos que supera sin dificultad.
Es en este momento, recogido en el titulado discurso “Tarja de bronce Serafín Sánchez a través de su siglo 2 de julio de 1846 – 2 de julio de 1946”, donde señala que aquel: “Escribía como platicaba” y que al no poder “perorar desde la tribuna valíase de epístolas que circulaban como rutilantes panfletos épicos”.
(Castellanos, 1946, p.88).
Sin pretenderlo este biógrafo continúa aportando atributos mediante los cuales se puede identificar como un genuino predicador, porque si este autor y otros de igual trascendencia- asumían que Serafín escribía excelentemente, lo que demostró de forma convincente en el género epistolar, entonces no podría escribir como platicaba sin que esto último no lo hiciera también de manera significativa.Pedagogía y Sociedad | Vol. 19, No. 45, mar.- jun., 2016, ISSN 1608-3784. RNPS: 1903 195
Cabe preguntarse: ¿Por qué no lo dejó plasmado? Lo cierto es que no existen trascendidos al respecto del historiador, que siendo un adolescente lo conoció en vida.
Más adelante expone: “Por cierto que es de apuntar de que en la emigración todo el mundo era orador, Serafín nunca quiso decir un discurso”. (Castellanos, 1946, p. 69 – 70).
Se puede asegurar que Gerardo niega que en vida Serafín Sánchez haya pronunciado discursos. Utiliza así el sentido estrecho de la acepción, reduciendo el campo de utilización de este concepto, con lo que provoca ocasionalmente una contradicción aparente, pues mientras resalta en él cualidades típicas de los oradores, al mismo tiempo no le reconoce esa virtud.
Infieren los autores que Castellanos, como otros, se ajusta a lo que caracteriza en lo fundamental al héroe, porque en otros textos alejados del biografiado, lo identifica directamente como orador, cerrando un tanto la polémica que sus criterios autorizados han desatado en algunos analistas, lo cual resulta útil por la abundancia de datos expuestos que ratifican su condición de no orador.
La contradicción de Castellano se resolvió a favor de la idea de que Serafín sí era un orador en toda la palabra, pues nueve años después, esta vez de manos de Luis Felipe Del Moral Noguera, en su biografía: “Serafín Sánchez Un carácter al servicio de Cuba”, de ediciones Mirador, impreso en México, en el año 1955, dejará esclarecido el asunto, al asumir tácitamente su cualidad de disertante.
En este sentido, mientras Gerardo Castellanos lo niega porque Serafín “nunca hablaba” desde la tribuna, Luis F. del Moral recoge fragmentos de un discurso pronunciado por este al quedar inaugurado el Club “Lares y Yara” en República Dominicana a finales del año 1883, en uno de los cuales decía:
Lares y Yara son dos fechas, dos pueblos separados por el mar y el tiempo, pero que la idea, la necesidad, la dignidad ha unido en estrecho abrazo. Lares es Puerto Rico; Yara es Cuba que protesta en octubre. Dos pueblos de una misma familia que protestan contra una tiranía monstruosa y secular.
¿Ese club estaba presidido por él? ¿Por cuánto tiempo funcionó? ¿Lo integraron puertorriqueños, dominicanos y cubanos? ¿Existen evidencias de su existencia en tierras dominicanas o cubanas? ¿Por qué Del Moral no abundó
en este sentido? Son demasiadas preguntas por contestar.
Es indudable que, hasta el momento, esa es la única referencia escrita que se tiene sobre un discurso pronunciado por Serafín desde una tribuna, pero lo que no amerita dudas es que el orador no solo dijo ese fragmento y que, como igualmente no se han encontrado evidencias del resto, en esa misma situación se encuentran otras pruebas de sus alegatos. ¿Existirán otras fuentes escritas u orales no consultadas que arrojen otras verdades al respecto? Todo indica que dicha pieza pudo conservarse de algún periódico dominicano, de cualquier otro diario de cubanos radicados en la emigración, celosamente conservado por los familiares, consultado por Del Moral. Lo cierto es que el biógrafo no es conocido en la historiografía como hombre que introdujo documentos espurios fuera de época para enaltecer la personalidad de Serafín.
No dudan los especialistas de su ética en ese sentido, por lo que de él brota la singular razón documental para afirmar que tuvo una participación con la palabra hablada desde el púlpito.
En la misma obra, citando a Enrique Loynaz del Castillo, durante el combate en Calimete enfatiza: “Reuniendo el general Sánchez a su caballería, la alineó de nuevo y con breves y encendidas palabras, la lanzó a la carga”. ¿Cuántas veces teniendo autoridad como jefe pudo dirigirles la voz a sus subordinados en las distintas contiendas en que participó? El tema de la oratoria no era interés en la época para sus cronistas y por lo tanto, no trascendió.
Este historiador al hacer una valoración de cómo conversaba Serafín, enaltecía su “palabra pausada”, el uso de “un lenguaje sencillo y cálido hacia los hombres que le hablaba”, afirmando que con “su palabra un tanto nasal, era, en trato íntimo, elocuente, penetrante, expresiva cuando se ponía a aventurar recuerdos de la guerra”, concluyendo que era su “espíritu cordial” y “maestro en mover los resortes que tocan las fibras sensibles del hombre”.
De esa manera, acota Del Moral, la verbosidad de Serafín estaba relacionada con el acto independentista, dirigida a resolver conflictos hacia el interior del mambisado, por lo que era persuasivo y sabía llegar al corazón de los hombres. La prédica es entendida aquí en interacción con los demás, en la búsqueda del convencimiento, a través de conversaciones o conferencias con uno o varios hombres, según sea el caso.
En resumen, el referido autor demuestra con documentos y describe las virtudes de Serafín que lo hacen acreedor de ser un orador en nuestra historia, aunque no reconoce como tal esa faceta pues no era su objeto hacerlo.
Entre la papelería consultada aparece un documento de otro historiador, Néstor Carbonell Rivero (1883-1966) quien publica en 1928, “Próceres: ensayos biográficos”, quien entre treinta y seis escritos de patriotas de la historia de Cuba, inserta la de Serafín. En ella describe la trayectoria militar del espirituano y su colaboración con José Martí.
Existe un pasaje en ese documento que es muy ilustrativo en lo referido a la calidad como escritor y ardiente orador de Serafín, al afirmar que: Al organizarse el Partido Revolucionario Cubano bajo la égida de Martí, Serafín
Sánchez se convirtió en el mejor y más constante colaborador del Apóstol. Era orador y escritor. El Yara y Patria guardan muchas páginas brillantes debidas a su pluma. Y todavía viven muchos de los que escucharon las arengas desde la tribuna revolucionaria. (Carbonell, 1928, p.264).
Aunque no hay aportes sustanciales en esta declaración, es significativo que es realizada por el hijo del patriota Néstor Leonelo Carbonell Figueroa, natural de Sancti Spíritus y quien combatió junto a Serafín a inicios de la guerra de independencia en la jurisdicción anterior y vivió en la emigración en Cayo Hueso y Tampa, por lo que tuvo acceso, muy de cerca, a distintas referencias no sólo de su padre, sino de otros combatientes con los que se reunía.
¿Escuchó Carbonell Rivero en la emigración a Serafín? ¿Serán sus testigos los veteranos de la guerra, los emigrados radicados en Estados Unidos.
República Dominicana o sus familiares cercanos? ¿En quiénes se apoyó para decir tal aseveración? Los autores consideran que su convivencia con el padre y rodearse de personas conocedoras del paladín espirituano, le permitieron tener una visión más justa para realizar tal aseveración y reconocerlo a través de la tradición oral y familiar como un orador.
Lo anterior asume mayor valor, porque lo típico en las valoraciones sobre cualquier personalidad es que prevalezcan los aspectos más resaltantes en cada caso y en Serafín era su obra militar y su valentía. En las memorias de varios veteranos combatientes se plasman estos criterios absorbentes del héroe, -Miró Argenter, Loynaz del Castillo, José R. Castillo, Gonzalo de Quesada, Fermín Valdés Domínguez, entre otros-, pero aún en esas síntesis aparecen afirmaciones que reconocen otros aspectos, como las que Bernabé Boza detalla en sus memorias en referencia a que “El brigadier Serafín Sánchez tiene cara de jefe; es muy simpático a pesar de ser serio; es culto y fino. Es el autor de Héroes Humildes. Sus soldados, que es a quien más hay que creer en este sentido, dicen que es muy valiente”. Aquí están implícitas otras cualidades particulares acerca de un militar cuya escuela no es la cultura, sino el combate y el tacto hacia sus subordinados.
Otros referentes muy importantes sobre la impronta del héroe en el campo de la oratoria, insertos en la papelería del Archivo Histórico Provincial Mayor General Serafín Sánchez Valdivia de Sancti Spíritus (AHP) con el título
“Recortes de periódicos con escritos sobre Serafín Sánchez Valdivia. Fecha: 1896-1926”, son difíciles de escudriñar en toda su magnitud porque no se sistematizaron debida y oportunamente, por dejadez e imprudencia histórica en unos casos y silencio cómplice en otros de los que podían y debían ser más objetivos y sinceros en su momento.
No obstante, los recortes, que pertenecen a diarios de distintas épocas y lugares dentro y fuera de Cuba –de allí su valor agregado- como “El Yara” de Cayo Hueso, “El Porvenir” de Nueva York, ambos de Estados Unidos, “El
Fénix” periódico de Sancti Spíritus, “El Triunfo” de La Habana, “La Broma” periódico juvenil de Sancti Spíritus y otros de distintas procedencias; aportan pruebas irrefutables de la tesis que se intenta demostrar.
En esos recortes se distinguen un grupo de artículos elegidos al azar, de un modo caprichoso, por un actor anónimo que quiso resguardar las evidencias referidas del espirituano para la posteridad. En uno de esos pedazos dice que: “en aquellas emigraciones de República de Santo Domingo, de Tampa y de Cayo Hueso, tuvieron en el General Sánchez el apóstol más perfectamente equilibrado y que con mayor austeridad más ostensible predicara sin cesar el credo revolucionario “. (Archivo Histórico Provincial. Legajo 4, Expediente 213).
Aquí está presente, sin dudas, la oralidad serafiniana, cualidad subrayada por varios autores en el periodo naciente de la historiografía neocolonial, lo que no sucedió después. ¿Qué intereses pudieron incidir en mostrar con objetividad a un héroe de la guerra? Sencillamente era merecedor de ello. Era inocultable en su momento.
Otros fragmentos de la época donde, aun dando fe de la epopeya independentista, ya comienzan a mostrar la frustración y el olvido por algunas personalidades como las del paladín espirituano, sin embargo lo reconocen como “aquel hombre generoso, aquel espíritu elevado, aquel gran corazón”, mientras acepta una verdad incuestionables “¡Cuánto hubiera él influido por los destinos patrios con altruismo incomparable, con su temperamento conciliador, con su atrayente persuasión, con su patriotismo sano, desinteresado, mirando siempre para el bien de la Patria, sin preocuparse jamás de su propio beneficio”. (Archivo Histórico Provincial. Legajo 4. Expediente: 213). Esa es la recepción de su personalidad en los primeros 30 años sin su presencia física, donde la pérdida de una Republica libre era el lamento de algunos. Allí caprichosamente se sigue distinguiendo la oralidad en Serafín, donde no era tampoco un desconocido por sus virtudes cívicas.
De 1919 es otro fragmento donde se dice: “que más poniendo a contribución su actividad, su palabra y su pluma hasta el resurgimiento de la lucha independiente en Baire”, (Archivo Histórico Provincial. Legajo 4. Expediente:
213). Nótese que su redacción es 7 años más reciente que la consolidada biografía de Gerardo Castellanos de 1926. En la memoria del cubano va quedando la imagen grabada de un hombre destacado, que no tiene el referente de otros mejor posicionados en el panteón de la Patria.
No importa hoy distinguir su autoría ni a qué periódico perteneció el redactor, sino cómo querían conservar a un hombre que fue un ser integral, multifacético, autodidacto, puesto al sacrificio e incluso atacado injustamente desde posiciones independentistas y sin embargo se resalta las cualidades de orador del modo más sencillo; incluso al estilo que se quiere vindicar en este trabajo. En otro trozo cortado y puesto al servicio de los investigadores, que lleva por título “Serafín” expresa que: En los Estados Unidos –en Key West- se ganaba la vida como modesto obrero, escogedor y allí le asignó Martí, quien fuera “alma gemela” en la organización del Partido Revolucionario Cubano, las tareas de propaganda. Fue enlace entre el Apóstol y muchos jefes de la gran
guerra. (Archivo Histórico Provincial. Legajo 4. Expediente: 213).
Existe admiración en una etapa incipiente del siglo XX. El artículo trasciende a estas páginas, su autor, desconocido, tal vez de un diario de escasa circulación en el tiempo, no se hizo famoso por el mismo, porque no trascendió. Lo eleva al rango de “alma gemela” de José Martí, lo cual es cierto por lo escrito en las epístolas martianas conservadas. Pero le otorga un valor extraordinario porque sirvió como propagandista y solo esto se puede hacer de dos modos: por la escritura y por la palabra. Las dos fueron utilizadas por Serafín.
Un detalle final no se ha querido pasar por alto en este texto vindicativo. En el conjunto escultórico erigido a su memoria en el año 1986, en la ciudad de Sancti Spíritus, Cuba, cuya autoría es de Thelvia Marín Mederos; en dos de sus relieves se identifica a Serafín en una tribuna cumpliendo con su deber con la palabra hablada y política de la obra independentista. La escultora de esa obra monumental conoció personalmente a los familiares de Serafín.
¿Sería un acto impensado de su parte para quedar bien con un hombre de tales méritos? Aunque no se ha sostenido una conversación con la creadora, sus estudios acerca del complejo, no dan margen a imprecisiones. Ella, artista y admiradora del prócer, reconoce en él a un orador.
Es que, sin dudas, lo fue.
CONCLUSIONES
El Mayor General Serafín Sánchez Valdivia debe ser considerado un orador. Es José Martí quien captará primero tal cualidad del patriota, Gerardo Castellanos García quien describe su probidad de comunicador, Luis Felipe del Moral Noguera quien dejará en la memoria histórica pruebas de la oratoria del héroe y otros tantos autores que refrendaron esta cualidad, derivado todo ello de distintas fuentes historiográficas, incluidos documentos originales.
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